La Morgue

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Se detuvo en seco. Sildo leyó poco a poco con voz queda: “¡La mejor de las muertes puede ser la suya! Rápida y sin dolores si recurre a nuestros profesionales”, el eslogan que aparecía destacado en una de las vidrieras de una tienda de la calle Kafka y que llamaba la atención desde hace pocos meses por lo macabro de sus productos. Titubeante y un poco nervioso decidió a entrar en el comercio. Nada más entrar, en primer planto, encontró una estantería repleta de tarros de vidrio etiquetados, cada uno de un color y densidad diferente, repletos de líquidos y pastillas ordenados alfabéticamente: alzheimer, cáncer, cólera, dengue malaria, rabia… en “La Morgue, muertes asistidas” uno podía contratar la forma de morir más adecuada a sus gustos; disfrutando de un tratamiento exquisito por parte de los vendedores que asesoraban con descaro a sus potenciales clientes. Como prueba de ello consta el suicidio colectivo -quince hombres, tres mujeres, un hamster y dos carneros- que celebraron en la Plaza Mayor hace dos años para conmemorar la apertura de su establecimiento y que provocó que una masa de gente deseosa de viajar soportara grandes colas para comprar y contratar sus servicios los días siguientes. Seguir leyendo La Morgue

3A – Lisa

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Es justo cerrar el círculo con quien cerré el viaje. Me obsesiona la idea de viajar solo. Siempre he necesitado de la independencia -no soledad- para ir por ahí. Y he tenido la suerte que cuando he necesitado compañía han aparecido para disfrutar de momentos únicos llenos de poesía (Fran Amador), poesía y viajes (Leonor) o viajes. Dos locuras, tres combinaciones… porque para disfrutar de la compañía de una persona tengo que armarme de argumentos o estar perdidamente seguro de que quiero a ésa persona a mi lado. Y eso mismo me sucedió con Lisa.  Lisa; chica alemana, diría que del este, a la que le gusta viajar sola. En Dublín, al poco de conocernos me explicó que había estado en Australia y que éste era el segundo viaje de éste tipo que realizaba. Era -y todavía será- una persona enérgica y con una sonrisa perenne: de aquellas personas que tiene los hoyuelos de las mejillas bien marcados. Creo que una vez leí que en la vida hemos de juntarnos con ése tipo de personas, que son necesarias para nuestro bienestar. Risueña pues, goza de una mirada clara y curiosa, inquieta sin más. Mientras limpiaba aparejos de cocina dí con la primera persona con la que poder ir en ruta sin agobiarme. Quiero pensar que ella al menos cayó en simpatía conmigo.

Con ella compartí pintas -las que menos-, paseos -los que más- y conversaciones de libros, viajes, anécdotas, estudios.. Mantuvimos el contacto después de Dublín, cambiamos impresiones de lugares durante nuestras respectivas rutas vía e-mail -cual correo electrónico que escribíamos antes de dormir- y hacíamos acopio de detalles de uno para el otro para hacer el respectivo intercambio de regalos en Cork diez días después. Porque en Cork el destino se guardó uno de los ramalazos que ofrece en determinadas ocasiones: nos volveríamos a encontrar. Allí, al lado del puente de Michael Collins, mientras nos calábamos hasta los huesos y en consecuencia nos helábamos tras estar “toda la noche en la calle” (Eva Amaral dixit). No fue nada espectacular, pero desde el momento de la despedida creo sinceramente en aquellos sujetos que ofrecen un abrazo de más de diez segundos. Y de quince.

Todavía hablamos, mantenemos contacto pero ambos desconfiamos de vernos de nuevo. Lo nuestro fue una unión temporal compartiendo pasiones y la misma guía de viaje, pero más allá de demostrar el amor por viajar y la ternura de compartir palabras, sonrisa y opiniones; de lo demás seré parco en palabras. Hubo poco. Poco, por cierto, a mí no me parece cuando compartió tánto conmigo.

Foto: escribiendo en el diario de viaje, instantes antes de la despedida. The best kept secret.

El orden portugués

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Resulta difícil organizar a los portugueses, porque se trata de individualistas declarados, de naturalezas que no saben vivir en grandes colectivos o comunidades. Tienen prioridad las embarazadas. ¿Por qué ellas? ¿Acaso soy yo peor porque di a luz hace medio año? De acuerdo, tienen prioridad las embarazadas y las mujeres con niño de pecho. ¿Por qué ellas? ¿Acaso soy yo peor porque mi hijo haya cumplido tres años? De acuerdo, tienen prioridad las mujeres con niños. ¿Ah, sí? Y yo ¿debo morir porque sea hombre? Y así, los más fuertes se meten en el avión, tras lo cual mujeres con niños se tumban sobre el cemento de la pista, justo delante de las ruedas para que los pilotos no puedan despegar, llega el ejército, los soldados expulsan a los hombres, ordenan subir a las mujeres y éstas suben por la escalerilla, triunfantes, como la tropa victoriosa entra en una ciudad conquistada.

Un día más con vida
Ryszard Kapuscinski

Circunferencia naranja

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una circunferencia naranja
cuelga entre hilos de silencio
evitando presagios en forma de tí

hay farolas con insomnio,
fuentes rezagadas a contradirección
discrepando de las indicaciones
emitidas por semáforos tartamudos

otra vez aceras desconsoladas

una vez más
dudas en singular de madrugada

Postdata: el poema está escrito hace pocos días. A la vez, es el  primer poema que publico en el blog más allá de los escritos en el portfolio. Disfrutadlo, o sufridlo.

Aquellos libros de color pastel

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un claro ejemplo.

Os están engañando. Os están estafando, pero no lo sabéis. porque en realidad leéis lo que queréis leer y no os interesáis por la poesía. Valoráis más el pose de camisa desgarrada, sombrero cubano y barba desaliñada que cuatro palabras puedan tener una intención poética y a la vez transmita un mensaje. En realidad; si hubiera un estudio morfológico de cada palabra que utilizan en sus “construcciones” en algunos casos veríais cómo se vanaliza a la mujer, se la trata como un florero a partir del uso indiscriminado de imperativos o la soez conjugada entre los papeles. Debéis saber que bajo el paraguas de unos pocos capos fluyeron unos libros de color pastel que intoxicaron el género en mi estado y ahora pueblan vuestras mesillas de noche o entretienen más que el típico crucigrama; unos libros defendidos por aquellos que un día fueron los mejores y que ahora no tienen nada mejor que masturbar. Con el pretexto de las ventas y la fama reconocida, los followers y demás datos que uno puede valorar como le dé la gana -los números son manipulables- se escudan en sus acciones y actúan con la superioridad de aquel gigante que va con zancos y a la mínima cojea. Mantean a un tal Sabina como gurú y aunque habita en los libros de color pastel una germen poético, no encuentro explicación razonable de su presencia en el catálogo más que la capacidad de hacer mercado bajo su nombre y obra.

Lo siento, pero poesía no es obligarte en una firma a comprar un libro. O pagar para ver una gala poética. La poesía, no os engañéis, siempre ha tenido la consideración de ser un elemento de denuncia, protesta; un escaparate sentimental. Y ahora todo se ha dado la vuelta. Pero no lo sabéis; repito, no tenéis la culpa porque en vuestra inocencia poética creéis que estáis leyendo lo correcto. No os romperé el corazón ni tampoco razonaréis de ello, pero sabedlo: no es poesía, sino un invento defectuoso.

El mulo

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Tour de Francia, 11ª etapa: EymetPau

El mecanismo de control de fugasen las etapas llanas del Tour funcionó a la perfección salvo por un pequeño detalle, la entrada en el trío del día del polaco Maciej Bodnar, un mulo que soportó casi 200 kilómetros el aliento del pelotón nunca muy lejos, el ciclista que más horas de pantalla ha ocupado lo que va de Tour, un tío muy grande y corto de cuello, lo que le hace levantar extrañamente la cabeza para ver la carretera delante, y unas gafas opacas que impiden observar la menor expresión y unos brazos que se estiran para agarrar abajo el manillar. Se llama Julien Vermote. Es belga y es el corredor más preciado del Quick Step. Es un Gargantúa glotón que en vez de gritar al levantarse todas las mañanas “¡a beber, a beber!” gritá “¡a la caza, a la caza!” Él solo, a veces con la colaboración de Lars Ytting Bak, un antiguo fuguista como su apellido obliga, ahora policía en el Lotto, controla el tiempo y la distancia. Camino de Pau, a falta de unas decenas de kilómetros, Bodnar tuvo fuerzas para dejar la fuga y lanzarse solo hacia la victoria. Tan duro es, tan fuerte tiró, que obligó al equipo de Kittel -el comandante en jefe de las volatas- a usar a su campeón del mundo Philippe Gilbert en la caza final. Hasta los 200m llegó Bodnar. Kittel, lejos de todos los demás llegadores, ya había visto la línea de meta. Y le fue imposible no llegar el primero.

Carlos Arribas

(ínsula libertaria dirigida a golpe de versos y prosas)